04.10.2017

¿Cómo negarle al cuerpo lo que te pide?

¿Cómo evitar caer ante el llamado de la piel?

Ese magnetismo que te electrifica el cuerpo y te genera ansiedad.

Me miraste con esos ojos verdes y automáticamente supe que algo estaba cambiando.

Las casualidades no existen, creo que todo pasa por algo y haberte encontrado aquella tarde en Roma, fue el comienzo de mi despertar.

Activaste fibras en mi ser que no sabía que existían, con tu mundo, tus colores, tus olores, tu voz.

Me hiciste sentir como en las películas, y no, yo sé muy bien que esto no es amor… pero a miles de kilómetros lejos de casa, ¿quién puede discutir lo contrario?

Estamos solos vos y yo como testigos, vos, yo y unas copas de vino francés.

Una vez más el Universo me demostraba que es absurdo ir en contra de lo que uno desea, porque desde el primer instante que cruzamos miradas supe que nuestra conexión era distinta, pero la falta de confianza en mi misma me decía que me estaría equivocando, no era posible que con esas dos rubias que te acechaban y rondaban cual satélites te fijaras en mi.

Pero ahí estábamos, vos y yo. Sentados frente a frente en un restaurante romano, encuentro improvisado, porque así debía ser, luego de andar por caminos desconocidos durante todo el día, nos encontramos a aquella hora, en esa vereda que bordeaba una calle empedrada.

Todos los caminos conducen a Roma… a encontrarnos en Roma.

No voy a olvidar nunca la alegría en tu mirada cuando me viste, como si me conocieras de siempre, de toda la vida, ¿o a caso era mi mirada reflejada en la tuya?

Tras la primer copa de vino bajé mi guardia, dejé que nos contáramos nuestras vidas, unas vidas que parecían no pertenecernos, beneficio de la burbuja en la que estábamos viviendo, dos completos desconocidos, conociéndose, como si fuésemos ciudades, recorriendo nuestras historias, anécdotas preferidas y puntos de interés.

Me mostraste que soy más mujer de la que siempre me creo, me hiciste sentir valiente, poderosa… Deseada, por sobre todas las cosas y nunca antes había experimentado esa sensación.

Amé esos instantes con vos, gracias por tu paciencia y tu insistencia.

Algunos dicen que la vida dura dos días, yo le agregaría un día más y diría que esa vida, que viví con vos, fue una de las más hermosas, el único final abierto que me atreví a tolerar.

Esos besos con gusto a un “Hasta Luego”, ese abrazo apretado, dulce, con la promesa de volverse a ver. Puede que no haya sido Amor, pero era una rama que crecía en el mismo árbol…

Me recuerdo una vez más qué hay sensaciones que están solo hechas para sentir y me obligo a no pensar.

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