Ese abrazo.

 Aquél  momento en el que te vi, recordé aquél día que jamás se repetirá, ese abrazo.

 Cómo olvidar un abrazo como aquél, y lo que me hiciste sentir con él.

 Recuerdo haber pensado querer quedarme en aquél momento eternamente. Que cada día al volver a verte, siguiera ocurriendo el mismo sentimiento, el mismo abrazo, en las mismas circunstancias.

 Pero eso no ocurrió. Todo lo contrario, con el pasar de los días, sólo envejecimos y cambiamos constantemente.

 He cambiado más lentamente que vos, pero cambié en fin.

 Y cuando te vi, recordé esa sensación, pero también recordé que ya no éramos más lo mismo. Que tú abrazo, aunque igual de intenso no me generaba lo mismo.

 Fue demasiado el tiempo en el que me dejaste colgada bajo el árbol, esperando por tu amor.

 Supongo que me debo de haber cansado.

 Pero esto siempre funciona así. Uno busca, el otro esconde. Uno pierde, el otro encuentra. Uno recién llega, y el otro ya se está yendo.

 Al menos con nosotros dos, desde un principio funcionó así.

 No creo que haya algo interponiéndose en el medio. Simplemente que no estamos hechos el uno para el otro, y que nos hemos equivocado. Es difícil y horrorosamente doloroso darse cuenta de esto. Pero supongo que es parte del proceso.

 Supongo que es parte de esa prueba y error constante por la cual pasamos día a día.

 Hasta que mágicamente uno de esos tantos días, conocemos la horma de nuestro zapato y ya está…. Uno se olvida de todo lo que pasó previamente, y se dedica a amar y envejecer. Nada más que pura y exclusivamente eso.

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